Una de las virtudes que debemos desarrollar en las artes marciales como en cualquier disciplina es la perseverancia. Sin ella es imposible avanzar sobre los obstáculos y dificultades que la práctica y la vida como artistas nos enfrenta.

Cuando recién comenzamos la práctica de artes marciales, empezamos con una fuerte energía emocional que es propia de las cosas “nuevas”, pero a medida que pasa el tiempo lo que era “nuevo” se convierte paulatinamente en una “rutina” de nuestra agitada semana. Aquí aparece uno de los primeros obstáculos en el sendero marcial a vencer, que es pasar de lo “novedoso” a la práctica sostenida “seria” y responsable del arte. Aquí es donde se prueba quien es un practicante serio, de quien solo practica por un tiempo hasta que se aburre porque su práctica se torna rutinaria y sin sentido.

Para poder progresar técnicamente y filosóficamente debemos desarrollar entre otras virtudes la perseverancia, siendo esta virtud un camino de esfuerzo sostenido y continuo hacia el perfeccionamiento interior y exterior como seres humanos. Sin la perseverancia es imposible avanzar, y ella nos exige esfuerzo y sacrificio para lograr un progreso y cambio profundo en nostros. Tener perseverancia es asistir a clase a pesar de estar cansado y no excusarse sostenidamente por compromisos familiares, de estudio, etc. Es claro que si no amamos lo que hacemos cualquier excusa es válida para abandonar la práctica seria del arte.

Muchos practicantes comienzan pero son pocos los que se mantienen a pesar de los años, es una selección natural de los más fuertes interiormente y no de los más destacados técnicamente. Muchos practicantes con grandes condiciones terminan abandonando la práctica al cabo del tiempo, mientras que otros practicantes con mayores limitaciones se mantienen y gracias a su perseverancia terminan superando a los anteriores. Tener perseverancia no es solo practicar fisicamente, eso lo hacen muchos, pero no es suficiente, es además y fundamentalmente, practicar en todos los ámbitos de la vida las virtudes que la filosofía nos enseña como la generosidad, la cortesía, el autocontrol, la fortaleza, la paciencia, la atención, etc.

Los sabios han enseñado la virtud de la perseverancia como la capacidad de continuar cuando todo a nuestro alrededor se complica, es mantener nuestros principios morales aún en los momentos más críticos de nuestra vida. Esto es perseverancia, y el que persevera consigue los objetivos que se propone, y si esos objetivos son nobles y elevados como nos enseña la Filosofía Universal, quien lo realiza se volverá una persona más sabia, más justa y más bella por dentro.

Mauricio Puente