Las artes marciales han ido cambiando y modificándose con el tiempo, durante el siglo XX con él afán de ganar popularidad se han deportivisado, lo cual no está mal si se mantienen los valores educativos.

Gigoro Kano ideó el Ju-do a partir de Jiu-jtsu para que fuera enseñado en las escuelas y de esta forma poder ser una herramienta útil para formar la juventud en donde los valores del Bu-do se pudieran transimitir..

Pero estoy seguro que si Jigoro Kano viera el Ju-do actual se horrorizaría…, ya que al igual que el Taekwon-do y el Karate-do han perdido totalmente su marcialidad en pro del deporte y la competencia, y si bien ganaron gran popularidad, han perdido en el camino no solo un gran bagaje de técnicas básicas de defensa personal (se practica solamente las técnicas que se usan en competencia), si no lo más importante, se han olvidado de la Filosofía que nos enseña los valores universales como el Autocontrol, la Generosidad, el Respeto y el Honor.

Actualmente en las AA.MM. deportivas se enseña, aunque se niegue muchas veces, que lo más importante es ganar (y en ocasiones a cualquier precio), ya que ganar trae fama y prestigio, mientras que perder es igual a fracaso y si hablamos de alta competencia es mucho peor. Lamentablemente lo único que cuenta es ganar para alcanzar la supuesta “gloria” (aunque en realidad es una falsa gloria), este tipo de competencia deportiva produce una peligrosa rivalidad, potencia el egoísmo y la envidia, ya que el triunfo externo se demuestra venciendo al adversario, mientras que el triunfo interno sobre uno mismo (que es el más importante) no cuenta para nada.

Muchos hablan de “compañerismo”, pero a la hora de la verdad, por una medalla se hace lo que sea, y quien lo niegue es que nunca ha competido en serio y hablo a todos los niveles desde amateur hasta profesional

En la actualidad las técnicas de defensa personal de las artes marciales tradicionales han casi desaparecido, aún los reglamentos más abiertos como el de las artes marciales mixtas prohíben los golpes más básicos que uno usaría a la hora de defender la vida, como golpear la garganta con el arco de la mano (uno de mis golpes favoritos en TKD) o aplicar la punta de los dedos a los ojos (en donde un persona sumamente pequeña puede con un dedo dejar fuera de combate a un mastodonte), o golpear los genitales, la nunca, la columna, etc.

Recuerdo cuando en un documental de TV se le preguntó a un Instructor de lucha cuerpo a cuerpo de los Marines de Estados Unidos, ¿Qué pasaría si Usted se enfrentara a mano desnuda con Randy Coutoure? en aquella época Randy era campeón de UFC de heavyweight divison, a lo cual contestó: “En la jaula Randy me knoquearía o sometería en menos de un minuto, pero en la selva o a campo abierto yo le quitaría la vida con mis manos facilimente.” Conclusión: un experto en defensa personal recibiría una verdadera paliza y terminaría knoqueado en un ring o en una jaula, pero en la calle o en la selva mataría fácilmente a cualquier campeón de boxeo, kick boxing o artes marciales mixtas; la competencia es una cosa mientras que la lucha por la vida es otra, y esto lo digo por quienes piensan que los deportes de contacto son la “calle”.

Pero lo más peligroso de convertir las artes marciales tradicionales en simple deporte, no es la pérdida del bagaje técnico solamente, si no lo más importante es la pérdida de los valores filosóficos y del espíritu del entrenamiento marcial.

La práctica deportiva actual busca “ganar medallas”, en cambio la práctica marcial tradicional busca ser mejor ser humano para saber vivir y saber morir con “Honor”, este segundo concepto es totalmente opuesto al primero, y solo se entiende a través del estudio de la Filosofía como una forma de vida y de autoconocimiento.

Como dijera el Buda: “MEJOR GUERRERO QUE AQUEL QUE VENCE A MIL HOMBRES EN COMBATE, ES AQUEL QUE SE VENCE A SÍ MISMO”

Mauricio Puente