La inteligencia es una capacidad que nos permite diferenciar las cosas; nos permite ver donde esta lo importante de cada cosa, nos permite ver lo esencial y darnos cuenta de lo que es efímero.

En un razonamiento, la inteligencia nos permite descubrir la porción de verdad que refleja. En los sentimientos, la inteligencia sabe apreciar los que son profundos y duraderos y distinguirlos de los efímeros y superficiales.

La inteligencia, iluminada por la luz del bien, sabe distinguir lo que, en cada momento, es bueno o malo.

La inteligencia, que nos permite apreciar todo lo anterior y mucho mas que no hemos dicho, nos da la luz que necesitamos para elegir siempre lo más bello y lo más justo.

Es bueno saber elegir inteligentemente dando siempre prioridad a lo que dura sobre lo que no dura; sabiendo elegir siempre lo que nos hace mejores.

Pero tener la inteligencia despierta, que nos permite ver con claridad no es suficiente; necesitamos la fuerza para decidir aceptar lo que la inteligencia ilumina como bueno; la fuerza para actuar inteligentemente.

Por esto es que los antiguos romanos denominaron las acciones correctas con la palabra virtud (viria) que significaba fuerza, coraje; porque la mayoría de las veces no es que nos sepamos lo que debemos hacer, sino que nos cuesta hacerlo y perdemos por falta de esa fuerza.

Para decidir aceptar lo que la inteligencia ilumina como bueno; la fuerza para actuar inteligentemente.

Por esto que los antiguos romanos denominaron las acciones correctas con la palabra virtud (viria) que significaba fuerza, coraje; porque la mayoría de las veces no es que no sepamos lo que debemos hacer, sino que nos cuesta hacerlo y perdemos la batalla con nosotros mismos por falta de esa fuerza.

¿Cómo conseguimos esa fuerza que nos falta? Sin duda que nos hacernos más fuertes en la medida que nos ejercitemos, que nos esforcemos por ser coherentes con nuestra propia conciencia. Así llegaremos a ser Nosotros Mismos, dueños de nuestros actos y de nuestras decisiones.

Victoria Calle