Hay varias disciplinas de las que todo el mundo cree saber, de las que todos creen poder decir algo con razón.

Si preguntamos a cualquiera sobre astronomía es muy posible que nos diga que “no sabe”, que “no es astrónomo” pero si preguntamos sobre cómo debemos alimentarnos,sobre política o sobre educación, todos parecen tener teorías más o menos seguras.

Sin duda que esto es producto de la gran desorientación que existe sobre lo antes mencionado.

Hay grandes desacuerdos sobre los medios o formas de educar y sobre los medios y formas de solucionar la convivencia de nuestras comunidades. En lo que respecta a las metas, no solo es el desacuerdo, sino la falta de metas claras y definidas. Precisamente es esta turbiedad de las metas la que genera más y más conflicto en los medios para llegar a ellas. ¿Cómo saber cómo haremos algo si ni siquiera sabemos qué es lo que tenemos que hacer? ¿Cómo saber en qué pared apoyar la escalera si no sé a dónde quiero subir? La falta de metas claras respecto de la Educación, por ejemplo, hace que los ministerios cambien continuamente lo programas de estudio con la intención de mejorarlos pero con la ya consabida falta de eficacia. Todos sabemos que la educación ha empeorado considerablemente en las últimas décadas.

En verdad, todos: padres, maestros, profesores de secundaria, funcionarios ministeriales, todos, están parados sobre un gran interrogante que tiene difícil respuesta. ¿Qué pasa con nuestros hijos? ¿Qué está pasando con nuestra infancia? Sin duda que otro sector de la sociedad, también tiene un interrogante parecido: ¿Qué hacemos con los delincuentes juveniles? Porque cada día hay más y también cada día es menor la edad en que estos muchachos comienzan a cometer crímenes de sangre. Para comprobar que no exagero basta con escuchar las noticias diarias.

Resulta bastante claro que no se puede solucionar el problema de la educación ni tampoco el de la delincuencia juvenil, si no se acomete a la vez soluciones globales para nuestras sociedades. Educar no es solamente aprender y aprobar las materias de la escuela; es mucho más.

La educación tiene que enseñar a vivir y esto no se hace solo con conocimientos, sino que son imprescindibles los valores morales, el respeto por los demás y por las normas de convivencia. ¿Cómo pedírselo si no se les enseña y exige? ¿Cómo exigírselo si no hay ejemplos firmes y claros? Y, ¿cómo mostrar el camino a nuestros hijos sin saber hacia dónde y para qué caminamos? Urge una recuperación del Destino del Ser Humano, de nuestras Metas, de nuestra Identidad, si no queremos abandonar a las nuevas generaciones en la vorágine de la confusión, el error y su necesaria consecuencia: el dolor.

Victoria Calle