Es cierto que, ante muchos problemas que nos afectan, “dejar pasar el tiempo” es una buena medida ya que ese “tiempo” nos puede permitir ver las cosas con más objetividad, hacer que las aguas se tranquilicen y que lo cotidiano nos devuelva un poco de serenidad.

Pero esto no implica que el tiempo, por sí solo, solucione los problemas; cómo mucho nos permite olvidar y hacer que no estén tan presentes o que no los veamos tan importantes como suelen parecernos cuando están recientes.

El tiempo hace que nada de esta vida dure demasiado, ni lo bueno ni lo malo, por esto creemos que cuando las situaciones adversas van pasando, ya están en vías de solución. En cierta manera tenemos razón al pensar así pero, como nosotros no hagamos el esfuerzo de cambiar, los problemas volverán a repetirse de manera semejante, porque cometeremos los mismos errores.

Es por esto que no basta con “dejar pasar el tiempo” sino que, además debemos meditar profundamente sobre las causas de los problemas y comenzar a aplicar soluciones que afectan a nuestra forma de ser y de actuar. En una palabra: mejorar conscientemente. Las situaciones adversas no pasan de una u otra manera “porque sí”, sino debido a algo erróneo que estamos cometiendo.

“Dejar pasar el tiempo” es, a veces, no una forma inteligente de vivir que contempla la ley de los ciclos, sino una manera de permanecer cómodamente pasivos, sin enfrentarnos con nosotros mismos, sin progresar; esperando inútilmente que otros hagan lo que nos corresponde hacer a nosotros.

Está en nuestras manos cambiar lo que depende de nosotros; el tiempo nos da la oportunidad de hacerlo, pero somos nosotros los que debemos actuar.

Victoria calle