Al lado de otras virtudes, como, por ejemplo, la Justicia que se presenta a nuestra imaginación como algo duro y filoso, la bondad es una de las virtudes que más suele agradar la porque sus actitudes son suaves, complacientes, generosas y comprensivas.

Esta virtud parte de un corazón limpio y puro, del inegoísmo sereno y de la verdadera humildad.

Pero no debemos equivocar las virtudes con los defectos. Muchas veces se suele hablar de un hombre “bueno”, cuando, en realidad, se trata de carencia de carácter, es decir, de debilidad.

Y la debilidad es una carencia, un defecto, detrás del cual están agazapados los miedos a no ser aceptado, las irresponsabilidades, la superficialidad, las concesiones a lo inferior en nosotros y en los demás.

Llegar a ser bondadosos realmente, no es fácil, como no lo es mantenerse en cualquiera de las virtudes. La bondad es una diosa de dos caras: una de ellas es afable, comprensiva y acogedora; la otra tiene el aspecto de madre correctiva, que educa, pone límites por amor.

Como toda virtud, la bondad es una fuerza; una fuerza que se expande generosamente desde el propio corazón hasta fortalecer a los demás, que pone todo de sí para transmutar lo que toca y hacerlo bueno, acercándonos al Bien, a la superación de lo que somos.

En el antiguo Egipto, el dios bondadoso, Osiris, el eterno sacrificado, portaba los que, desde un punto de vista, eran los símbolos de la bondad: el látigo y el gancho; la disciplina y la amorosa comprensión

Solo quien es fuerte puede ser bondadoso, sólo quien no necesita puede dar, solo quien sabe del dolor puede consolar. Solo quien se autodisciplina puede servir de apoyo y ayuda.

La bondad no solo trata de no hacer daños innecesarios (aunque esto ya sería haber conseguido mucho), sino que trata también de no dejar ningún bien sin hacer.

¡¡ ESFORCÉMONOS POR SER REALMENTE MAS BONDADOSOS¡¡

Victoria calle