Una de las reflexiones que podemos hacernos es de si sirve de algo la Filosofía para cambiar aquellas cosa que creemos deben ser mejoradas en nuestro mundo; es decir, si la filosofía es un motor de cambios sociales. Hay quienes piensan que al ser pocos los filósofos difícilmente pueden tener fuerza de cambio.

También quienes creen que la forma de realizar cambios está en el terreno de la acción social directa más que en las ideas, sean estas filosóficas, políticas o económicas. En general se tiende a ser pesimista en cuanto al valor práctico de la filosofía.

Hoy se habla de “la muerte de las ideologías”porque ya nadie cree en ellas ni en su eficacia. Sin embargo la historia, si la analizamos bien, nos enseña que la cultura que se vive en cada momento depende de la concepción que el hombre tiene de sí mismo y del mundo.

Una concepción sumamente religiosa creó ciertas culturas como el Egipto Antiguo, otras formas de ver el mundo hicieron nacer las civilizaciones occidentales de Grecia o Roma. La expansión del Cristianismo modificó el mundo antiguo y las ideas esbozadas en el siglo XVIII nos llevaron al mundo moderno con todas sus consecuencias. Y es que las ideas cuando están vivas, más lenta o rápidamente se convierten en acción, en maneras de ser y de vivir. Son ellas las que dan la dirección a los actos; sin ideas caemos en la desorientación, el automatismo y el vacío vivencial. ¿No es este el estado de nuestro mundo actual: desorientación y vacío?

Ideas equivocadas nos llevan a acciones erróneas tanto en lo individual como en lo social. La investigación filosófica nos invita a encontrar ideas lo más correctas posible para que de ellas se derive acciones también correctas. No es la filosofía la que se ha separado de la acción, es la hipocresía y la incoherencia del hombre, que a modo de una esquizofrenia, ha hecho compartimentos estancos sin relación entre sí, entre lo que piensa, lo que siente y lo que hace.

El auténtico filósofo, al dirigir sus acciones por los principios y verdades que va descubriendo, en principio se convierte en un factor de cambio para sí mismo. Una grupo de filósofos aúnados en una acción común, se convierte en un factor de cambio social.

Y en cuanto a quienes piensan que los filósofos somos pocos para incidir en los cambios sociales, es posible invitarles a que contesten cuántos eran los discípulos de Cristo o cuánta gente componía la primitiva Roma, cuántos siguieron a Sidharta Gotama en los primeros momentos o cuántos creyeron en la aventura de Cristóbal Colón, en Copérnico y Galileo

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